Como todos, estoy descubriendo a cada centímetro de caída este escheriano tobogán que es el verano celular. Toco las paredes aún en la oscuridad, en la viscosidad. Acaricio el suelo con la punta del pie antes de dar cada pequeño pasito. Pero ando alegre y jubiloso por haber recorrido la mitad del trayecto, por haber trayectado la mitad del recorrido, y ya poder divisar esa luz relajante al final del bosque, aunque con ese diminuto miedo a la austeridad que tenemos todos flotando sobre la cabeza pero que se disuelve y se transforma de la manera más sencilla.
Hace 12 años
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