Al final dejaré mi trabajo, eliminaré el tuenti, me teñiré de rubio pelicortamente, dejaré las emociones completamente a un lado y perderé la identidad. ¡Qué horror!, dirán algunos. De horror nada, las emociones y la identidad están sobrevaloradas, igual que las cantantes y los transportes públicos establecidos. Yo quiero ser Yo, no esa serie fea y desgarbada de condicionamientos y emociones aprehendidas que derrochan antipatía y desasosiego. Yo quiero unos nuevos ojos con los que ver un nuevo mundo llamado Culolandia. Donde todos nosotros, convertidos en pepinos, dancemos con un nuevo y curioso propósito como raza mucho más divertido que el actual. ¿Y para qué sirve desear todo esto? ¿Para qué sirve que yo lo escriba? Para que se haga realidad, ¿o acaso crees que el tradicional Hot-dog no fue la manifestación de un deseo previo o que nadie escribió sobre eso? ¡Por supuesto que se ha escrito sobre los perritos calientes! ¡Muchísimo!
Oigo cosas, creo que me estoy volviendo loco.
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